Idilio con la Muerte.
El observa la noche con la languidez,
de un condenado
Su mirada refleja la solemnidad de su corazón,
el cual aun no ha sido revestido
con la frialdad de la oscuridad.
Su alma aunque magullada,
su andar aunque perdido,
sus ropas aunque andrajosas.
No han quebrantado el ímpetu propio
de un condenado
Su mirada refleja la solemnidad de su corazón,
el cual aun no ha sido revestido
su andar aunque perdido,
sus ropas aunque andrajosas.
No han quebrantado el ímpetu propio
de la juventud.
No se ha cansado de existir…
Y hoy espera el alba, para beber vida.
Pretende alzarse del túmulo
que cobijo sus horas de vigilia.
Desea librarse de las ataduras
que lo han mantenido sometido.
Luchar contra las normas
que lo obligaron a doblegarse,
contra una autoridad indigna
contra una sociedad malograda,
viciada, contaminada, dormida.
Pero se ve débil, se siente solo.
Esta noche el mira la muerte y le parece bella.
Talvez es la recompensa que el destino le brinda,
para pagar la deuda de injusticias
que han golpeado su alma.
Las luces del alba surgen tímidas
y la noche se sumerge en sus ojos.
Lo envuelve cautelosa en el silencio opaco,
como un arrullo eterno que lo hace desfallecer.
Entregarse a la dulce agonía,
en donde el sentir es un recuerdo,
que se pierde en la espesura
de las verdades y mentiras acumuladas.
Lentamente se entrega y deja que en él
fluyan las corrientes
que pretenden forjar un camino
que lo aleje de la realidad conocida,
para embarcarlo al infinito.
Lentamente se entrega,
Lenta muy lentamente se aleja…


Escribe un comentario