Idilio con la Muerte.

 

El observa la noche con la languidez,
de un condenado
Su mirada refleja la solemnidad de su corazón,
el cual aun no ha sido revestido 

con la frialdad de la oscuridad.

Su alma aunque magullada,
su andar aunque perdido,
sus ropas aunque andrajosas.
No han quebrantado el ímpetu propio

de la juventud.

No se ha cansado de existir…
Y hoy espera el alba, para beber vida.

Pretende alzarse del túmulo

que cobijo sus horas de vigilia.
Desea librarse de las ataduras

que lo han mantenido sometido.
Luchar contra las normas

que lo obligaron a doblegarse,
contra una autoridad indigna
contra una sociedad malograda,
viciada, contaminada, dormida.

Pero se ve débil, se siente solo.

Esta noche el mira la muerte y le parece bella.
Talvez es la recompensa que el destino le brinda,
para pagar la deuda de injusticias

 que han golpeado su alma.

Las luces del alba surgen tímidas
y la noche se sumerge en sus ojos.
Lo envuelve cautelosa en el silencio opaco,
como un arrullo eterno que lo hace desfallecer.
Entregarse a la dulce agonía,
en donde el sentir es un recuerdo,
que se pierde en la espesura
de las verdades y mentiras acumuladas.
Lentamente se entrega y deja que en él
fluyan las corrientes

 que pretenden forjar un camino

 que lo aleje de la realidad conocida,
para embarcarlo al infinito.

Lentamente se entrega,
Lenta muy lentamente se aleja…

~ por Johanna en Septiembre 21, 2008.

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